Música

¿Qué es lo que la música tiene que la hace tan especial?

Tanto en el camino espiritual, en el cuerpo humano como en los grupos y culturas.

Hablo de la música en general pero ¿Qué es lo que tiene el sonido?

Rumi, el poeta y maestro sufí, decía “la música esconde un secreto, si yo lo revelara, trastornaría al mundo”, entonces, ese secreto ¿por qué Rumi no lo revela? ¿por egoísmo? ¿por guardarse algo? ¿por qué no lo dice?

Si le pidiéramos a Rumi, por favor, que nos lo dijera, diciéndole: Rumi, mira estas almas devotas y sinceras, merecen escuchar tu secreto, dinos el secreto de la música ¿Qué diría Rumi?

Hay una escena de una película que se llama “Humano” en la cual el director de la película es el discípulo del chamán, que lo va sometiendo a distintas pruebas a las que el chamán lo guía. 

En una escena comienzan a caminar en círculo alrededor de una fogata, y el chamán le dice -¿no entiendes al fuego cierto? Esas típicas preguntas que el maestro nos hace para permitirnos sentirnos idiotas, porque si nos sentimos permanentemente listos o inteligentes va a ser más difícil nuestro crecimiento.

Entonces el chamán le dice -¿verdad que no entiendes al fuego?

Y el discípulo responde, perplejo: no, con cara de ¿por qué debería entenderlo?

El chamán le responde:-claro, tienes una gran limitación para entenderlo y es que el fuego no habla castellano. 

No habla castellano pero habla, dice. El chamán lo entiende, el discípulo no; porque el discípulo solo habla castellano y, a lo sumo, inglés.

Entonces Rumi diría: no les puedo transmitir el secreto de la música, porque ustedes solo hablan castellano. Entonces nosotros pensaríamos y responderíamos: bueno, pero queremos aprenderlo de tal forma que aprenderemos turco o farsi para escucharlo en tu lengua.

Pero Rumi nos respondería: tampoco puedo decirlo en mi lengua.

Bueno entonces aprenderemos árabe y sánscrito. Tampoco lo puedo decir en árabe ni en sánscrito, diría sinceramente Rumi.

Se dice en la tradición mística sufi que dice que Dios tiene tres mil nombres. Mil se los obsequió a los profetas, mil a sus ángeles y arcángeles, trescientos los puso en la sagrada Torá, trescientos en los Salmos de David, trescientos en los evangelios, noventa y nueve en el sagrado Corán y uno se lo guardó consigo mismo, y ese es el más poderoso de todos.

Uno podría pedirle al maestro que le revelara ese nombre secreto, pero el maestro nos respondería: no lo puedes escuchar, no se puede decir. 

Entonces nosotros, desde nuestra lógica, podríamos responderle: está bien, lo sabemos, pero le prometemos que lo guardaremos en nuestro corazón y no se lo diremos a nadie.

Entonces el maestro nos diría, seguramente riendo: no es que no se puede decir porque alguien me lo enseñó y me pidió que no lo diga, literalmente no se puede decir.

Por ello muchos definen un “no sé que” que los llevó a la búsqueda espiritual, que los sacó de sus objetivos y deseos para llevarlos a un camino misterioso. Y eso va a ser toda la vida un “no sé qué”, porque no se puede decir.  

Ese secreto tiene la música o el sonido que nos conecta a ese “no sé que”, que es el nombre de Dios, el lenguaje del fuego, o del agua, que no es con palabras, no es intelectual. 

Nuestra búsqueda más profunda no es intelectual y no se puede procesar racionalmente o cognitivamente en el sentido del procesamiento de información con el que nombramos e interpretamos cotidianamente al mundo y a nosotros mismos. Es imposible.

No se puede comprender el fondo del océano desde una pileta de natación.

Nosotros permanentemente procesamos información, pero lo que buscamos (que en realidad nos busca) es improcesable e inalcanzable.

Buscamos, en esencia, saber quienes somos, qué hacemos aquí, y como llegamos a este lugar.

Nos pueden contar la historia de amor entre nuestros padres, su luna de miel y nuestra llegada.

Entonces pensamos ¿y si no se hubieran conocido? ¿soy solo un producto de la casualidad?

¿quién soy yo? ¿no existiría?

Entonces “no se qué” nos dice: tú eres, más allá de papá y mamá. 

Primero agradecemos y honramos nuestros padres, por supuesto, pero luego debemos ir por nuestra verdadera identidad, que está contenida en la frase “yo soy, yo existo”, que es una certeza, quizás la única certeza desde la que podemos comenzar a caminar.

Si seguimos anclado en problemas con papá y mamá, que no me querían, que me querían demasiado, que me compraron la remera roja y yo quería la verde, etc. En ese caso nuestro lugar no es el templo, sino el consultorio terapéutico. 

Esto debe quedar claro, repito: primero agradecemos y honramos a nuestros padres y nuestro linaje, y desde allí, vamos en búsqueda de nuestra verdad. Sino giramos en círculos como discos rayados cuya púa saltaba siempre en el mismo lugar.  Agradeciendo y honrando podemos ir más allá, y podemos ir más allá porque venimos de más allá. Pero ¿de dónde?

¿O ustedes creen que el milagro que cada uno es solo se trata de un óvulo y un espermatozoide que se encontraron por casualidad?

Eso es solo un mecanismo, que da lugar a una expresión.

Entonces la vida que somos se expresa de una manera determinada.

Porque lo que somos no es un mecanismo, atraviesa un montón de mecanismos biológicos, físicos, químicos, psicológicos, eléctricos, etc…

La música, el sonido, es la herramienta más cercana que tenemos para vincularnos más profundamente con “eso” que no se puede decir en nuestro idioma, ni en ningún idioma, pero que, de alguna manera, suena…porque lo escuchamos y si lo escuchamos es porque suena y suena porque somos conscientes de que suena.

Cuando alguien dice: un “no se qué” me impulsó a la búsqueda, nos está diciendo, entre otras cosas, que un “no se qué” sonó y que ella lo escuchó.

Si algo en nosotros siente una llamada, no en el teléfono, sino una llamada verdadera, quiere decir que una llamada sonó y la escuchamos, con una escucha diferente a la que usamos para escuchar una llamada telefónica.

Entonces, la música, el sonido, si podemos renunciar al cliché de buscar mantras, como si fueran ibuprofeno o paracetamol, que es lo que tantas veces sucede ¿qué mantra uso para el dolor de cabeza, de muela o de panza? Y, si bien es también cierto que podemos usar mantras, ragas o sonidos para reparar el cuerpo ¿Podemos dar un pasito más como seres humanos y renunciar al obstinado oficio de recolectar información? 

Simplemente, tratar de entrar en ese espacio en el cual el fuego me habla, el mar me habla, porque no están afuera. Yo creo que el mar está afuera cuando creo que yo estoy acá adentro (en el cuerpo), por eso creo que yo soy yo, Luis es Luis, María es María y el mar es el mar.

Entonces, desde ahí, ya no solamente no comprendo al mar sino que tampoco lo entiendo a Luis o a María, ni hablar de entenderse entre marido y mujer, eso ya olvídenlo. En el mundo de las personas nadie realmente entiende o se entiende. 

Vivimos en un mundo donde la banda más extraordinaria de música que dió la cultura occidental moderna tuvo que dejar de tocar en vivo porque su público no los escuchaba. En vez de darles su silencio les daban sus gritos ¡Pagaban entradas caras para ir a ver a un grupo al que no escuchaban! Eso nos está hablando del ser humano.

Entonces dijeron: no tocamos más en vivo ¿Por qué? les preguntaron. Y porque sencillamente no nos escuchan.

Entonces si no escuchamos a Los Beatles ¿cómo podríamos escuchar el nombre oculto de Dios?

Yo los invito a soltar esa actividad tan poco honorable que es la recolección de información, que lo más lejos que nos puede llevar es a repetir palabras como loros, loros sin alas encima ¡No tiene sentido!

Somos humanos, busquemos ser reflejo de humanidad, porque el mantra sin verdad no trabaja.

Ahora, mucha gente trabaja de dar información sobre los mantras, son dos cosas distintas.

Y yo tengo mucha información, pero mi trabajo no es darles información sobre los mantras, porque mi intención es hacer un viaje verdadero, un movimiento real. 

Y allí la información necesaria se llama corazón, entonces si tu corazón late yo no tengo ninguna información más para transmitirte, solo invitarte a llevar tu atención, tu conciencia y tu certeza a ese lugar, al Sat Guru, el maestro verdadero. 

No necesitan escucharme a mi ni leerlo en un libro ¡mejor cantemos!

Y quizás yo tengo escrito en la tradición sufí que un mantra es para profundizar la concentración durante la meditación pero ustedes descubren que es un mantra maravilloso para repetir mientras hacen el amor ¿por qué no?

No archiven mantras como documentos, en cajoneras divididas.

Utilicemos la música para viajar, a ese lugar que les juro que no tiene palabras, las palabras acercan, las melodías acercan, la pregunta ¿quién soy? acerca, la afirmación “yo soy” nos hace entrar y cuando entramos vemos una frase escrita en nuestro corazón: el que busca es el buscado. No se va a entender con la mente, pero en el corazón es una certeza.

Entonces ¿Qué buscamos? Cuando no somos un ego que repite mecanismos ¿qué buscamos? Cuando no tenemos miedo ¿qué buscamos?

La fuente de vida se busca a sí misma, no al sí mismo que tiene forma, barba, gorra, nombre, religión, ideología, etc. La fuente de vida, la conciencia, se busca a sí misma, fuera de todo mecanismo, concepto o deseo de la mente.

Y con la música apoyamos ese trabajo quitando los velos del momento presente.

Y si nos entregamos con sinceridad a los gestos sonoros y melódicos con nuestro corazón, llegaremos a un silencio fértil, donde comprendemos que ese momento presente, siempre presente y nuestra presencia son no-dos, son una misma consciencia ilimitada, íntima y llena de paz. El éxtasis y la calma se encuentran, se desnudan y se aman.

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